lunes, noviembre 07, 2005

Miserables

MÀRIUS CAROL - 07/11/2005Una página web de internet, firmada por un supuesto grupo de desheredados (quepobresoy.com), ha invitado durante los últimos días a hacer boicot a los productos con origen o sede en Catalunya. Este colectivo de indigentes ha dado la posibilidad de clicar en un icono donde figuraba el listado de empresas catalanas, mientras en una segunda ventana ofrecía alternativas con marcas de otras comunidades. Los miserables que han confeccionado la página justificaban su postura por la aprobación del Estatut y aclaraban: "Al comprar los productos de la segunda columna, ese dinero se puede invertir en un hospital de Sevilla o en un centro de acogida de Murcia, mientras que al comprar los de la primera, el dinero se lo quedarán exclusivamente en Catalunya". A la vista de tal mezquindad, estos presuntos pordioseros son a todas luces más pobres de espíritu que de bolsillo, pues es innegable que los menesterosos que dedican sus páginas en la red a alentar boicots antes que a pedir limosnas pertenecen a una nueva generación de desamparados o son más tramposos que los tahúres del Mississippi. Séneca advirtió antes que nadie que se es pobre no por tener poco, sino por desear mucho. Esos mendigos digitales desean la ruina de otros por la voluntad de querer un nuevo Estatut, así que son más pobres que los que denunciaba el filósofo, porque no desean su salida de la miseria, sino que otros (todo un pueblo) entre en ella. Dudo de la legitimidad para pedir solidaridad económica de esta pandilla de internautas, así que habría que solicitarles que se quiten la careta y se cambien a una página web más adecuada del estilo quefachasoy. com. No se entiende cómo un colectivo que anuncia su desamparo se siente tan solidario con los enfermos sevillanos o los vagabundos murcianos y, en cambio, se desentiende de los que sufren por cuestiones de salud o de marginación en Catalunya. Pensar que en estos pagos atamos los perros con longanizas es justamente desconocer la realidad catalana, con un millón de inmigrantes llegados en los últimos años, que han colapsado los servicios públicos y han puesto de manifiesto la necesidad de ampliar los presupuestos de bienestar social. Un refrán castellano reza: pobreza nunca alza cabeza. Si esa pobreza es moral, sin duda que esos miserables de la ética nunca podrán ir con la cabeza alta. Alentar la ruina de una comunidad, cuando ésta figura entre las más solidarias, es una forma de escupir en la mano que les da de comer. Es desmoralizador ver que, embozados en la redes, estos pobres virtuales incitan al odio. Su falta de valor es casi tan grande como su deslealtad. Fuente ,LA Vanguardia